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Jardines verticales elevan imagen de México, pero aun falta mucha cultura

Interesante artículo de Damien Cave, The New York Times News. Realizado el 18/04/2012, pero cuyo mensaje aun es vigente.

CIUDAD DE MÉXICO.- “Debemos cultivar nuestro jardín”, escribió famosamente Voltaire hacia el final de “Cándido”, pero incluso él no pudo haber imaginado esto: un imponente arco de 50,000 plantas alzándose por encima de una avenida congestionada por el tránsito vehicular en una metrópolis que alguna vez fue llamada “Mexsicko City” debido a su contaminación.

El jardín vertical se propone tallar tanto la suciedad como la imagen. El arco, una de tres eco-esculturas instaladas a lo largo de la ciudad por un grupo sin fines de lucro llamado VerdMX, es tanto arte como una fuente de oxígeno. Captura el ojo. Además, se traga el bióxido de carbono que contribuye a altos niveles de ozono, particularmente en esta época del año cuando el sol es fuerte y las lluvias escasean.

“La máxima prioridad de los jardines verticales consiste en transformar la ciudad”, dijo Fernando Ortiz Monasterio, de 30 años, el arquitecto que diseñó las esculturas. “Es una forma de intervenir en el ambiente”.

Muchas ciudades tienen reputaciones ecologistas; Portland, Oregón, incluso tiene su propios jardines verticales. Pero en el mundo en desarrollo, donde las clases medias están creciendo a la par del consumo, el desperdicio y el uso de energía, Ciudad de México es un mundo nuevo y salvaje. El hazmereir se ha convertido en el líder a medida que el aire ha pasado de ser legendariamente malo a muy mejorado. Los niveles de ozono y otras medidas en contra de la contaminación actualmente la ponen casi al mismo nivel del aire (también más limpio) de Los Ángeles.

“Tanto Los Ángeles como Ciudad de México han mejorado pero en esta última, el cambio ha sido mucho mayor”, destacó Luisa Molina, científica investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), quien ha llevado a cabo extensas comparaciones de contaminación. México “está muy avanzado no solo en términos de América Latina, sino de todo el mundo. Cuando viajo a China, todo lo que la gente quiere oír es la historia de México”.

En parte, es estrategia. A partir de los años 80, el gobierno mexicano creó edictos que reformularon la gasolina, cerró o mudó fábricas toxicas y prohibió que la mayoría de sus motoristas usaran su automóviles un día a la semana. En fechas más recientes, Ciudad de México agregó un popular programa gratuito en el que se prestan bicicletas y acrecentó sistemas de transportación pública.

Los ambientalistas están mucho menos impresionados con las vías de dos pisos que siguen bajo construcción. Sin embargo, incluso los mexicanos más optimistas nunca han esperado que el gobierno cree “el mejor de todos los mundos posibles”, para citar al personaje Pangloss de “Cándido”, así que muchos aquí prefieren mostrarse exultantes con respecto a esfuerzos de cooperación impulsados por ciudadanos como VerdMX.

Ciudad de México se ha convertido en una incubadora para estos tipos de grupos, que mezclan financiamiento corporativo con nuevas ideas. Algunos dicen que la actividad tiene su origen en la naturaleza tangible del problema: la fuerte contaminación se siente en las irritadas gargantas de todos. Pero, sin consideración a eso, entre los jóvenes, modernos y educados – los que inauguran nuevas boutiques para el moderno diseño mexicano, y quienes van de fiesta al festival de música Vive Latino -, existe una creciente conciencia cívica.

Una parte de esto puede verse en la vibrante esfera artística de la capital, donde inquietudes ambientales a menudo se superponen a la expresión creativa. De hecho, todo parece indicar que una versión del potencial a punto de abrirse que caracterizó en alguna época a París o Nueva York en, digamos, los años 20, ha llegado en mega ciudades del “nuevo mundo” como la presente, pero con un giro. La Era de la Máquina de comienzos del siglo XX ha dado paso, para algunos, a la Era Verde de comienzos del siglo XXI.

Hay jóvenes arquitectos en busca de abrir caminos y revivir antiguos ríos. Hay mujeres jóvenes enseñándoles a mujeres viejas a plantar tomates en la hierba entre altos edificios; artistas que convierten basura oceánica en hermosas críticas al consumidor; e incluso una campaña multimedios con visiones para el “México del Futuro”; que incluye presentaciones tales como “un panel solar en cada casa” y “respeto a la flora y fauna”. Las gigantescas esculturas verdes de VerdMX – que forman parte de un movimiento mayor de jardines verticales y en techos – encajan a la perfección. Sin embargo, en el trayecto normal de cada día, los jardines demuestran cuánto camino aún le falta andar a Ciudad de México.

Eso capturó en buena medida una vertiente de pensamiento entre quienes pasan por la escultura todos los días. “Seguro, se ve bonita, ¿pero de qué sirve?” dijo Rosendo Hernández, de 58 años de edad, vendedor de periódicos en la intersección. Otros descartaron el jardín como un desperdicio de dinero. Un hombre que pasó caminando por ahí dijo que si bien a los mexicanos les encanta el arte, una U de cabeza llena de plantas no puede compararse con un mural de Diego Rivera.

Pero, quizá eso no sea necesario. Hernández aseguró que a muchos residentes les gusta la escultura lo suficiente como para tomarle fotografías, en tanto Riberto Pineda, de 17 años, quien lava parabrisas de automóviles en el semáforo a su lado, dijo que ha llegado a amar el alto jardín por dos simples razones: “Está bonito”, dijo. “Además, da una sombra magnífica”.

 

A vertical garden at the Restaurant Padrinos in Mexico City, April 9, 2012. Three eco-sculptures installed across Mexico City by a nonprofit called VerdMX, gobble up the carbon dioxide contributing to high ozone levels, are the latest indication the city has become a leader in environmental efforts for the developing world. (Rodrigo Cruz/The New York Times)

Rodrigo Cruz/The New York Times

Paredes verdes, ¿moda o estilo de vida? ¿Se imaginan cambiar las paredes que los grafiteros hoy han poseído contaminando visualmente nuestras calles por estas paredes verdes? Solo se necesita educar y culturizar a las gente…  ¡vamos por una cultura verde!

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